Pensar antes de plantar
Cultivar verduras y hortalizas es más fácil que cultivar muchas plantas ornamentales.
Sólo hace falta un mínimo de planificación, buena mano al plantar y un algo de cuidado mientras las plantas crecen para obtener abundancia de frutas y verduras sabrosas y naturales.
Pero antes de sembrar la primera una semilla, es necesario pensar un poco.
Lo primero a considerar es el clima. El tipo de verduras y hortalizas que se pueden sembrar y, lo que es igual de importante, cuándo se deben sembrar depende mucho de si se vive en un clima tropical, templado o frío. Y dentro de estas amplias categorías hay varios subtipos. No es recomendable plantar tomates, una hortaliza que adore el calor, cuando es posible que haya una helada aún después del final del invierno. Por otro lado, las alubias, el brócoli, la coliflor y la cebolla son algunas de las hortalizas que crecen bien en climas más fríos. Les gustan las temperaturas entre 10°C y 20°C y toleran bastante bien las heladas. El repollo, las zanahorias y las lechugas prefieren temperaturas ligeramente más cálidas, entre 15°C y 25°C. A los tomates, el maíz, las berenjenas y las patatas prefieren temperaturas aún más calientes.
Después, se debe considerar el área total y la ubicación de la huerta. Para alimentar a una familia de cuatro personas iría bien con 100 metros cuadrados, pero eso es más espacio de lo que un jardinero novato querría cuidar al principio. Además del tamaño del huerto, se debe pensar en las necesidades específicas y la naturaleza de cada planta que se desea cultivar y su posición dentro del huerto. El maíz crece muy alto y dará sombra; pero no es deseable que esa sombra caiga sobre esos tomates que necesitan abundante luz solar.
Al considerar la ubicación, hay que tener en cuenta en proteger a las plantas del exceso de sombra y del viento. Algunos lugares tienen sombra natural, quizás demasiada para una huerta. Casi todas las verduras y hortalizas necesitan la luz del sol. La mayoría necesita al menos cinco horas diarias. Plantas que están muy por debajo del tamaño medio y hojas que tienen un aspecto débil son signos de que no están recibiendo suficiente luz. Hay un método para que todas las plantas reciban la luz solar que necesitan, las más altas, como el maíz, se plantan al norte de las más cortas. Las plantas más bajas y que casi están a ras del suelo, como la lechuga, necesitan estar más cerca del borde sur del huerto.
Si el huerto recibe demasiado viento, sería una buena idea colocar algo que lo corte. El viento puede secar el suelo y romper las plantas altas. Los vientos fríos, en particular, tienden a impedir que las plantas crezcan al llevarse a su paso el calor del sol. Una valla o un enrejado bien colocados pueden resolver el problema del viento.
El huerto va a necesitar riego abundante. A diferencia de las hierbas y algunas otras plantas, a las verduras y hortalizas les gusta recibir mucha agua. Claro que necesitarán un buen drenaje y suelo arenoso para evitar que las raíces se pudran. Pero más allá de eso, cuanto más agua, mejor. Regar la base de la planta y las raíces es más importante que mantener las hojas húmedas. Un sistema de riego por goteo puede ser la solución perfecta.
También hay que estar preparado para hacer lo que hacen los profesionales y rotar los cultivos de año en año. Diferentes plantas toman diferentes nutrientes del suelo y en cantidades variables. Algunos de estos nutrientes se pueden reemplazar con abonos, fertilizantes y otros tratamientos del suelo. Pero si se cambia el diseño y las plantas cultivadas de vez en cuando esos tratamientos no serán necesarios.
¿Una huerta biológica?
Se ha puesto de moda promocionar la horticultura biológica como la única forma ecológicamente segura de cultivar plantas comestibles. Ciertamente, los métodos de jardinería biológicos tienen muchas ventajas, pero suelen requerir más trabajo manual. Ciertamente, hay varios compuestos tradicionales y comerciales son seguros y efectivos cuando se usan adecuadamente. En algunos casos, la frontera entre compuestos y métodos biológicos o convencionales es incluso un poco difícil de marcar. Una huerta biológica requerirá una planificación más específica.
El estiércol es un excelente fertilizante en muchos casos. El estiércol es rico en nitrógeno y un suelo bien nitrogenado ayuda a que muchas hortalizas prosperen. Pero el olor puede ser un inconveniente, y hasta cierto punto también la posible contaminación para los humanos. Los excrementos de pájaros y otras formas de desechos de animales a menudo contienen virus y parásitos que pueden ser dañinos para los humanos y otros animales. Utilizado correctamente, el estiércol es un recurso excelente, pero debe manejare con cuidado pues la naturaleza no siempre es benigna.
El abono hecho con restos vegetales de comida, paja, hierba, hojas y otras cosas similares puede ser un aditivo para el suelo igualmente bueno. Pero las pilas de materia orgánica en descomposición atraen insectos y otros animales que se alimentan de ella. Preparar y usar este tipo de abono también requiere algún cuidado.
El control biológico de los insectos es otro método popular entre los horticultores abonados a este tipo de métodos. Tiene muchas ventajas. Las poblaciones de insectos y plagas se pueden mantener bajo control mediante la introducción de depredadores que se alimentan de los insectos dañinos pero no de las verduras. Eso reduce la necesidad de productos químicos artificiales. Pero seleccionar cuáles insectos son beneficiosos y asegurarse de que no ataquen a las plantas puede requerir mucha investigación y ajustes continuos.
La siembra de cultivos que atraen a los insectos y les hace olvidarse de las hortalizas para dedicarse a las plantas "sacrificiales" es otra forma de control biológico. Tiene la misma ventaja de reducir la necesidad de control químico de las plagas sin tener que aceptar pasivamente una reducción de la cosecha por daños que estas causan. Pero esos cultivos "trampa" usan tiempo, espacio, agua, fertilizantes y otras cosas que podrían dedicarse a cultivar hortalizas..
También es cierto que los compuestos químicos utilizados en muchos insecticidas a menudo se derivan de fuentes naturales. Estrictamente hablando, no existe una fuente no natural. Todos los productos químicos producidos artificialmente para la jardinería tienen su origen en compuestos que se encuentran en el medio ambiente.
El piretro, por ejemplo, es la base de algunos de los insecticidas más populares. Se utiliza en latas avispa y otros aerosoles de insectos y en una amplia variedad de otras aplicaciones. Esta sustancia se deriva de las flores de chrysanthemum cinerariaefolium. La mayoría de la gente lo consideraría un insecticida artificial, pero tiene su origen en una planta completamente natural.
La nicotina es una sustancia orgánica natural que se utiliza como insecticida, y es muy efectiva. El problema es que también es altamente tóxica para humanos, perros y animales salvajes. Debe manejarse con cuidado. Es un ejemplo de que "natural" no siempre significa seguro en todas las circunstancias.
El mantillo orgánico y natural es un protector del suelo muy útil. Las hojas, virutas de madera y otros materiales presentes en el medio ambiente pueden ayudar a retener la humedad o evitar la invasión de maleza y también algunos insectos. El plástico negro es otro tipo de protección, en este caso, artificial, que da buenos resultados. Es excelente para el control de la maleza. No daña el medio ambiente local porque no se descompone ni emite humos tóxicos. Incluso puede ayudar con el control de plagas al mejorar la irradiación solar. Hay que retirarlo en el momento oportuno y deshacerse de él de la forma adecuada.
Tanto los métodos biológicos tradicionales como los modernos juegan su papel dentro de las buenas prácticas de horticultura. Los métodos biológicos tienen el aval del tiempo, pues la mayoría se desarrollaron para proteger los cultivos mucho antes de que hubiera otra solución. La química moderna ha recorrido un largo camino en los últimos 50 años. Usadas correctamente, las sustancias químicas permitidas deberían ser seguras para el medioambiente y para quienes consumen las verduras tratadas. Qué método usar es una cuestión de preferencias individuales.
Un huerto interior o exterior
La cuestión es elegir la mejor opción para cada situación porque ninguna de las dos opciones es perfecta. Ya sea que se escoja cultivar hortalizas en el interior o en el exterior, hay que hacer concesiones. El tipo de suelo y su preparación, el tipo de riego, el control de la luz, el control de enfermedades y plagas y otras tareas son diferentes entre los dos entornos. Nadie dijo que se puede tener un huerto sin hacer ningún trabajo y se trata de una elección personal, basada en circunstancias individuales.
Preparar y mantener el suelo para una huerta tradicional puede ser un trabajo pesado. Los nutrientes suelen agotarse cuando se siembra el mismo cultivo año tras año. Los fertilizantes se disipan. Es más difícil controlar la calidad del suelo. Romper la arcilla o controlar el pH en un área grande requiere un esfuerzo considerable. Pero uno se ahorra el trabajo de preparar varios contenedores y cambiarlos.
El suelo interior requiere menos fertilizante, pero hay que tener más cuidado para controlar la cantidad. El exceso se fertilizante no se diluye y se retiene más fácilmente. El suelo debe prepararse con precisión matemática para conseguir el equilibrio adecuado entre el drenaje y la retención de humedad. El suelo al aire libre se regula asimismo. Los errores en un cultivo interior se pagan más caros. Hay que recordara que se suelen matar más plantas por exceso de riego que por regarlas demasiado poco.
Y es mucho más difícil instalar un sistema de riego automático en jardines interiores. Un sistema de riego por goteo es fácil de instalar y usar en el exterior, además de ser simple y relativamente barato. En el interior, un sistema de rociadores automáticos suele ser costoso, y complicado si no se instala correctamente. Pero si solo tienen una o dos macetas, regar a mano podría ser un esfuerzo insignificante, aunque fueran macetas muy grandes.
En las huertas al aire libre rara vez hay un problema para que las plantas obtengan luz solar adecuada, siempre que estén planificadas correctamente. En la mayoría de los climas durante el verano no es difícil que las plantas reciban las cinco o más horas de luz que necesitan diariamente. Dentro de la casa eso puede ser complicado. Pocos querrán ir moviendo las macetas a lo largo del día, pero encontrar una sola ventana que reciba la luz adecuada sin quemar las plantas puede ser difícil.
Aun así, la luz y la sombra es mucho más fácil de controlar en el interior. Siempre se puede bajar una persiana o correr una cortina cuando el sol calienta demasiado. Incluso hay sistemas automáticos programables que lo hacen. Y colocar una planta cerca de una ventana de vidrio proporciona algo así como un efecto invernadero natural sin tener que instalar un invernadero.
Las enfermedades y las plagas pueden ser un problema en cualquiera de los dos ambientes. Pero luchar contra eso al aire libre es decididamente más difícil. Requiere vigilancia constante y generalmente más ayuda química. En el exterior, los hongos son más propensos a crecer en la humedad que se acumula en las hojas durante la noche. Los insectos tienen un acceso más fácil para poner huevos que se convierten en larvas.
Pero el olor de las sustancias controladoras, ya sea en forma de productos químicos artificiales, sustancias orgánicas naturales o cultivos trampa, puede ser algo más desagradable de lo que muchos desearían en el interior. La mayoría de los insecticidas no tienen olores agradables. Incluso los aceites obtenidos de plantas pueden ser abrumadores, y son mucho más caros que otros tipos de sustancias.
Al final, cada horticultor tendrá que sopesar los pros y los contras de su situación particular. Cualquiera de las dos formas de horticultura requiere esfuerzo, pero ambas brindan grandes recompensas cuando se hacen bien. No hay nada como poder disfrutar de verduras y hortalizas frescas, cultivadas con garantías, todos los días.