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El oporto

El oporto es el vino fortificado más conocido del mundo y, al mismo tiempo, uno de los más mal conocidos. Para muchos es únicamente ese vino dulce y oscuro que aparece en la sobremesa de las fiestas. En realidad es una familia de estilos muy distintos entre sí, que va del blanco seco y fresco hasta el tawny añejo de cuarenta años, con toda una gama de complejidades entre medias. Conocerlo bien es descubrir que casi siempre hay un oporto para cada momento.

La región y las uvas

El oporto se produce en el valle del alto Duero, en el interior norte de Portugal, en una de las regiones vitícolas más impresionantes del mundo. Las viñas crecen en terrazas talladas en la roca de esquisto —localmente llamado xisto— sobre un paisaje de pendientes abruptas que cae hasta el río. El suelo de esquisto tiene poca capacidad de retención de agua y obliga a las raíces a penetrar profundamente en la roca para encontrarla, lo que produce uvas de gran concentración y personalidad.

El clima es extremo para los estándares europeos: veranos muy calurosos y secos, con temperaturas que superan frecuentemente los 40 °C, e inviernos fríos. Esta combinación contribuye a la maduración intensa de las uvas y a la concentración de azúcares que hace posible el estilo del oporto.

Las variedades de uva autorizadas son numerosas, pero unas pocas dominan la producción de calidad. La Touriga Nacional es la más valorada: aporta color intenso, taninos firmes y aromas florales y de fruta negra. La Touriga Franca es la más plantada y aporta fruta y fragancia. La Tinta Roriz —la misma uva que el Tempranillo español— aporta estructura y color. La Tinta Barroca contribuye con suavidad y fruta madura.

La mayor parte de la producción procede de quintas, el término portugués para las propiedades vitícolas del Duero. Algunas son propiedad de las grandes casas exportadoras; otras son independientes y embotellan sus propios vinos.

Cómo se elabora

La vendimia en el Duero tiene lugar en septiembre y octubre. Las uvas se vendiminan a mano —la pendiente extrema de los viñedos hace imposible la mecanización en la mayor parte de la región— y se transportan a las instalaciones de elaboración, llamadas lagares.

El proceso comienza como el de cualquier vino tinto: las uvas se estrujan y el mosto fermenta con sus pieles para extraer color, taninos y aromas. La diferencia fundamental es que la fermentación debe completarse en muy poco tiempo —generalmente entre 24 y 36 horas— para que el vino retenga suficiente azúcar. Para lograrlo, el mosto se remueve y se trabaja intensamente durante ese periodo, ya sea pisándolo en lagares de piedra a la manera tradicional o mediante sistemas mecánicos modernos que reproducen el mismo efecto.

Cuando el vino ha alcanzado el nivel de dulzura deseado, se interrumpe la fermentación añadiendo aguardiente de vino neutro en una proporción aproximada de uno a cuatro. El alcohol mata las levaduras, detiene el proceso y fija los azúcares residuales. El vino resultante tiene entre 19% y 22% de alcohol y una dulzura natural que varía según el momento exacto del encabezado.

Tras el encabezado, el vino pasa el invierno en el Duero y en primavera se transporta tradicionalmente a las lodges de Vila Nova de Gaia, la ciudad al otro lado del río frente a Oporto, donde las casas exportadoras tienen sus bodegas de crianza.

Los estilos

La diversidad de estilos del oporto se debe a las distintas formas de crianza a las que puede someterse el vino tras el encabezado.

El ruby es el estilo más joven y el más producido. Envejece entre dos y tres años en grandes depósitos de roble o acero inoxidable, lo que preserva el color rojo intenso y los aromas de fruta fresca y madura —cereza, ciruela, frutos del bosque—. Es accesible, frutal y directo. La mayoría de los oportos de entrada de gama son rubies, aunque la categoría incluye también versiones de mayor calidad.

El tawny envejece en pipas —barricas más pequeñas, de unos 550 litros— durante un periodo más largo y en contacto con el aire. La oxidación progresiva va transformando el color, del rojo inicial hacia el ámbar y el ocre que da nombre al estilo. Los aromas evolucionan de la fruta fresca hacia la fruta seca, las nueces, el caramelo y las especias. Los tawnies de calidad se comercializan con indicación de edad media: 10, 20, 30 y 40 años son las categorías oficiales. El tawny de 20 años es un punto de equilibrio excelente entre complejidad y precio.

La colheita es un tawny de una sola cosecha, envejecido en barrica durante un mínimo de siete años. En la etiqueta aparece tanto el año de cosecha como el año de embotellado, lo que permite ver cuánto tiempo ha pasado en madera. Son vinos de gran complejidad y personalidad individual.

El LBV, o Late Bottled Vintage, es un ruby de una sola cosecha embotellado entre cuatro y seis años después de la vendimia. Ofrece parte de la complejidad de un vintage a un precio mucho más accesible. Los hay filtrados —más suaves y listos para beber— y sin filtrar, que requieren decantación y tienen más estructura.

El vintage es el oporto de mayor prestigio y longevidad. Se elabora con las mejores uvas de las mejores cosechas y se embotella tras solo dos años en barrica, con toda su potencia frutal y tánica intacta. Envejece luego décadas en botella, desarrollando una complejidad extraordinaria. No todas las cosechas se declaran como vintage; la decisión la toma cada casa por separado. Un vintage bien conservado puede durar cincuenta años o más.

El oporto blanco se elabora con variedades de uva blanca del Duero y existe en versiones que van del muy seco al muy dulce. El estilo seco —o extra dry— es el más interesante: fresco, con aromas de fruta blanca y frutos secos, funciona de forma sorprendente como vino de aperitivo.

El oporto rosado es el estilo más reciente, de aparición en el mercado en los años 2000. Más ligero y frutal que el ruby, está pensado para un consumo informal y refrescante, habitualmente con hielo.

Cómo se sirve

La temperatura de servicio varía significativamente según el estilo. El oporto blanco seco y el rosado se sirven muy fríos, entre 4 y 6 °C, como cualquier vino blanco de aperitivo. El ruby y el LBV se sirven entre 14 y 16 °C. El tawny, entre 12 y 14 °C —ligeramente más fresco que el ruby, lo que realza sus aromas de frutos secos y caramelo—. El vintage se sirve entre 16 y 18 °C y requiere decantación previa para separar el sedimento que forma durante su largo envejecimiento en botella.

La copa ideal es una copa de vino pequeña, tipo catavinos o copa de jerez, que concentre los aromas. Las copas grandes dispersan los aromas y no hacen justicia a estos vinos.

Una vez abierta la botella, los rubies y los tawnies se conservan en el frigorífico durante varias semanas sin problema. Los vintages, una vez abiertos, deben consumirse en uno o dos días.

En coctelería

El combinado más popular con oporto en los últimos años es el porto tónico: oporto blanco seco con agua tónica, hielo abundante, una rodaja de limón y opcionalmente unas hojas de menta. Es refrescante, de baja graduación efectiva y funciona muy bien como aperitivo. Se ha convertido en una alternativa habitual al gin-tonic en Portugal y está ganando presencia en bares de toda Europa.

El oporto ruby aparece en cócteles de invierno donde se busca calidez y fruta: combinado con brandy, vermut o whisky en proporciones variables. El tawny funciona bien en preparaciones más complejas donde su perfil oxidativo aporta profundidad. Algunos bartenders contemporáneos usan el oporto blanco seco como sustituto del vermut en Martinis de autor.

En la cocina

El oporto es un ingrediente versátil en la cocina, especialmente en preparaciones de carne y caza. Una reducción de oporto ruby con mantequilla es una de las salsas más sencillas y efectivas para acompañar solomillo, magret de pato o ciervo. El oporto también aparece en patés y terrinas, donde aporta fruta y dulzor, y en estofados de caza de cocción larga.

El tawny tiene usos más específicos en repostería: en bizcochos, en cremas y en salsas para postres con frutos secos o chocolate. El oporto blanco seco funciona en la cocina de forma similar al jerez fino: en salsas para pescado y marisco, en fondos y en arroces.

El maridaje clásico del oporto vintage con queso azul —stilton en la tradición inglesa, cabrales o roquefort en la europea continental— es una de las combinaciones más celebradas de la gastronomía occidental. La intensidad del queso y la fruta concentrada del oporto se equilibran de forma casi perfecta.

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