Recetas con sal y pimienta
Penne alla vodka
La receta es menos conocida por su nombre que por su color: un rosa anaranjado que sale de cruzar tomate con mantequilla y un poco de nata. La base se construye pochando chalota en mantequilla y friendo después el concentrado de tomate hasta que oscurece y se separa de la grasa, un paso breve que marca la diferencia entre una salsa plana y otra con fondo. Después entran el tomate en lata y el vodka, que se reduce casi del todo y deja atrás el calor y el equilibrio que dan nombre al plato. Un chorro final de vodka sin cocer, añadido junto a la nata, conserva ese punto aromático que la cocción se lleva. La pasta termina de hacerse dentro de la salsa, con un poco de agua de cocción, hasta que se adhiere a cada penne.
Patatas asadas con aros de cebolla
Una guarnición de horno que se monta por capas: rodajas de patata y aros de cebolla alternados en una fuente, bien cubiertos de grasa y asados a temperatura alta hasta que el conjunto queda dorado por fuera y meloso por dentro. El pan rallado de la superficie forma una costra fina que protege lo de debajo y aporta el crujido. Nació para aprovechar la grasa y los jugos de un asado de carne, y ese sigue siendo su mejor uso, aunque con mantequilla o aceite de oliva funciona igual de bien. Acompaña a cualquier carne al horno y, en días de poca ambición, se defiende sola con un huevo frito encima.
Patatas asadas con hierbas
Una guarnición de horno que se resuelve con tres ingredientes y casi ninguna intervención. Las patatas se parten por la mitad a lo largo y se colocan con el corte hacia abajo sobre una cama de hierbas frescas, en una bandeja donde la grasa ya está bien caliente. Al no moverlas en todo el asado, la cara cortada se sella contra el metal y se dora formando una costra fina y crujiente, mientras el interior absorbe el aroma del tomillo o del perejil que tiene justo debajo. Se asan con la piel puesta, que es donde está buena parte de su sabor. Salen de un horno corriente con el aspecto de las que sirven en un asador.
Vieiras en salsa rosa
Un entrante de fiesta de la cocina francesa clásica, fino y sorprendentemente sencillo. El color rosado no viene del tomate sino del pimiento rojo, que se escalda, se pela y se cuece en vino blanco dulce hasta que suelta todo su color; después se pasa por el chino y se liga con nata. La salsa, perfumada con pimienta rosa, envuelve unas vieiras cocidas al vapor apenas unos segundos. Ahí está la única dificultad del plato: la vieira pasa de tierna a gomosa en cuestión de medio minuto, de modo que conviene tener todo lo demás resuelto antes de acercarla al fuego. Se acompaña de unos hojaldritos calientes para rebañar.
Salmón especiado con yogur, garbanzos y espinacas
Un plato completo y vistoso que se resuelve en una sola tanda: el salmón se unta con un yogur especiado que lo mantiene jugoso mientras se hace, y se acompaña de garbanzos crujientes y espinacas, todo cocinado al mismo tiempo. La gracia está en que nada espera a nada: mientras los garbanzos se tuestan, el salmón se hace a su lado, y una cucharada del mismo yogur, aflojada con limón, sirve de salsa al final. Funciona igual de bien en la freidora de aire que en el fogón, y en ambos casos la comida está en la mesa en poco más de diez minutos.
Gröstl tirolés
Plato de sartén de los Alpes austríacos, nacido para aprovechar lo que sobraba del día anterior: patatas cocidas y restos de carne asada, salteados juntos en manteca hasta formar una costra dorada que es la razón de ser del plato. La cebolla, el comino en grano y la mejorana componen la tríada aromática de la cocina tirolesa, y un huevo frito de yema líquida corona el conjunto y lo liga al romperse sobre las patatas calientes. Se sirve directamente en la sartén, con ensalada verde o un poco de chucrut al lado. Comida de refugio de montaña: contundente, rápida y sin pretensiones.
Filete de cadera relleno
Un filete grueso de cadera, cortado como un bolsillo y relleno de paté antes de hacerse a la plancha. El paté se funde con el calor y aporta al interior una cremosidad sabrosa que contrasta con el exterior tostado del filete. Es un plato de aspecto elegante, perfecto para una cena especial, que se prepara en pocos minutos a partir de un buen filete grueso.
Tournedós con setas y alcachofas
Los tournedós son filetes redondos y gruesos cortados del solomillo, un corte tierno y de sabor fino que se cocina en pocos minutos a fuego fuerte y queda jugoso por dentro. Esta receta clásica los acompaña con setas grandes a la plancha, corazones de alcachofa y una base de patatas paja, para un plato elegante y de preparación sorprendentemente rápida.
Alubias en salsa de tomate especiada
Un guiso de alubias rápido y muy resultón, de los que se hacen en una sola cazuela y dan de comer durante varios días. El pimentón ahumado es el que manda: aporta ese fondo tostado y profundo que normalmente vendría de un trozo de chorizo o de tocino, y basta para que unas alubias de bote con tomate se conviertan en algo con carácter. El pimiento suma color y dulzor, las espinacas desaparecen dentro de la salsa sin que nadie las note.
Bandeja de coliflor y garbanzos al horno
Una bandeja al horno que resuelve la comida y ensucia un solo cacharro. La coliflor se asa hasta que los bordes se tuestan y quedan casi crujientes, las zanahorias se vuelven dulces, la cebolla roja se carameliza por fuera y los garbanzos se secan un poco y toman ese punto a fruto seco que tienen cuando pasan por el horno. El comino y el pimentón ahumado hacen el resto. Por encima, una salsa de tahini con limón, fría y cremosa, que contrasta con el calor de la bandeja, cilantro fresco y feta desmenuzado. Es cocina de Oriente Medio traducida al horno de casa, y el tipo de plato que gana adeptos incluso entre quienes dicen no comer verduras.
Cerdo asado a la francesa
Esta versión afrancesada del lomo de cerdo se asa siempre sin corteza, sobre un lecho de hierbas y ajo, con un fondo de vino y agua bajo la rejilla que crea una atmósfera húmeda sin que la carne llegue a tocar el líquido directamente. Se emplea el corte más fino del lomo, el más cercano al cuello, y se deja con hueso, a diferencia de la mayoría de asados franceses, que suelen ir deshuesados.
Relleno de piñones, atún y pimiento asado
Este es uno de esos rellenos que resuelven dos platos con una sola preparación: sirve para empanadillas y empanadas, y sirve igual de bien para canelones. El motivo es que cumple lo que se le pide a un buen relleno de masa —queda seco, compacto y frío— y eso mismo lo hace ideal para un canelón que luego va a recibir bechamel sin aguarla. Es la empanadilla de atún de toda la vida con dos mejoras: el pimiento asado en lugar de crudo, que aporta dulzor y no suelta agua, y los piñones tostados, que dan el punto de textura que a esta mezcla siempre le falta.