Una bandeja al horno que resuelve la comida y ensucia un solo cacharro. La coliflor se asa hasta que los bordes se tuestan y quedan casi crujientes, las zanahorias se vuelven dulces, la cebolla roja se carameliza por fuera y los garbanzos se secan un poco y toman ese punto a fruto seco que tienen cuando pasan por el horno. El comino y el pimentón ahumado hacen el resto. Por encima, una salsa de tahini con limón, fría y cremosa, que contrasta con el calor de la bandeja, cilantro fresco y feta desmenuzado. Es cocina de Oriente Medio traducida al horno de casa, y el tipo de plato que gana adeptos incluso entre quienes dicen no comer verduras.
Ingredientes
Instrucciones
Calentamos el horno a 190 °C (170 °C con ventilador). Ponemos la coliflor preparada, ramitos y troncho cortado, en una bandeja de horno amplia. Añadimos la zanahoria y la cebolla morada.
Incorporamos los garbanzos, espolvoreamos el pimentón ahumado y el comino, regamos con el aceite y salpimentamos. Mezclamos con las manos hasta que todo quede bien impregnado y lo repartimos en una sola capa. Horneamos 20 minutos.
Sacamos la bandeja y agregamos las hojas troceadas. Removemos y devolvemos al horno otros 20 minutos, hasta que las verduras estén tiernas y con los bordes tostados.
Mientras se asan, preparamos la salsa. Ponemos el tahini en un cuenco pequeño, rallamos encima la piel del limón y exprimimos el zumo de media pieza. Añadimos 2 cucharadas de aceite de oliva, el agua fría, sal y pimienta, y batimos con unas varillas hasta obtener una salsa lisa y fluida. Al principio parecerá cortarse y espesar de golpe: es normal, hay que seguir batiendo.
Picamos fino los tallos del cilantro y más grueso las hojas.
Sacamos la bandeja del horno, regamos con la salsa de tahini, esparcimos el cilantro y desmenuzamos el queso por encima. Servimos enseguida, directamente de la bandeja.
Notas
Para preparar la coliflor, se quitan la base y las hojas, pero no las tiramos: las reservamos aparte. Separamos los ramilletes en trozos pequeños si hace falta, y cortamos el troncho en láminas finas. Troceamos las hojas y las reservamos aparte.
La bandeja debe ser grande y las verduras han de quedar en una sola capa con espacio entre ellas. Amontonadas sueltan vapor y se cuecen en lugar de asarse, que es justo lo que no queremos.
Las hojas de la coliflor son comestibles y, asadas, quedan crujientes como chips. Se añaden a media cocción porque se queman antes que el resto.
Los garbanzos deben escurrirse y secarse bien con un paño antes de entrar al horno; si van húmedos no se tuestan.
El tahini se comporta de forma extraña al mezclarlo con líquido: primero espesa y parece agarrotarse, y luego se afloja de golpe. Conviene añadir el agua poco a poco y no asustarse.
Si la salsa queda demasiado espesa, se aligera con una cucharada más de agua fría; si queda floja, con media cucharadita más de tahini.
El comino en grano se puede tostar 30 segundos en una sartén seca antes de usarlo. Gana mucho aroma.
Sobra poca cosa, pero lo que quede está estupendo frío al día siguiente, aliñado con más limón.
Variaciones
Con cuscús o freekeh: servido sobre una base de cuscús o de freekeh, el plato pasa de guarnición a plato único contundente.
Con halloumi: en lugar del feta, 150 g de halloumi en lonchas gruesas doradas en sartén. Cambia el queso fresco y salado por uno con corteza tostada.
Sin lácteos: prescindimos del feta y añadimos un puñado de almendras laminadas tostadas o de pipas de calabaza para mantener el contraste de textura.
Con rúcula: un puñado de rúcula fresca por encima, ya fuera del horno, suma frescor y un amargor ligero.
En pan de pita: rellenamos pitas integrales calientes con las verduras, la salsa y el queso. Es la mejor manera de aprovechar las sobras.
Más picante: una cucharadita de harissa en la salsa de tahini, o unas escamas de guindilla sobre la bandeja antes de hornear.
Origen
La coliflor asada entera o en ramilletes se ha convertido en el plato emblema de la cocina vegetariana contemporánea, en buena medida gracias a la difusión internacional de la cocina israelí y palestina en las últimas dos décadas. Pero la coliflor lleva en el Mediterráneo desde mucho antes: procede del Levante, se cultivaba ya en Siria y Chipre en la Edad Media y llegó a Europa occidental a través de Italia en el siglo XVI.