Saganaki de queso
Este plato es la prueba de que la sencillez puede ser espectacular. No se necesitan más que un buen queso, un poco de harina y calor para crear una experiencia inolvidable. El secreto está en el contraste de texturas: una corteza exterior crujiente y dorada que da paso a un interior increíblemente cremoso y salado. Servido caliente con un chorrito de limón y pan de pita, es el comienzo perfecto para cualquier comida.
Ingredientes
Instrucciones
Pasamos el queso rápidamente por debajo de un chorro de agua fría y lo secamos con suavidad. Este paso ayuda a que la harina se adhiera mejor y cree una costra más uniforme.
Extendemos la harina en un plato llano. Pasamos el bloque de queso húmedo por la harina, asegurándonos de cubrir todos los lados y bordes con una capa fina y uniforme. Sacudimos el exceso de harina; solo queremos una película ligera que lo recubra.
En una sartén pequeña y antiadherente, calentamos el aceite de oliva a fuego medio-alto. El aceite debe estar caliente, pero sin llegar a humear.
Con cuidado, colocamos el queso enharinado en la sartén. Dejamos que se fría durante 1-2 minutos por cada lado. No lo muevas demasiado. Buscamos que se forme una costra dorada, crujiente y de un color ámbar profundo. Dale la vuelta con una espátula cuando veas que los bordes están bien dorados.
Tan pronto como el queso esté dorado por ambos lados, lo retiramos de la sartén y lo colocamos directamente en el plato de servir. La clave del saganaki es comerlo inmediatamente, mientras está caliente y el interior sigue fundido y elástico.
Justo antes de servir, exprimimos un generoso chorro de zumo de limón fresco por encima. El ácido del limón corta la riqueza del queso y equilibra los sabores de una manera espectacular. Si te gusta, puedes añadir un toque de pimienta negra recién molida.
Notas
Los mejores quesos para hacer este plato son el Graviera, el Kefalotyri o el Kefalograviera. Si no se encuentran, un Halloumi o Provoleta pueden funcionar. estos quesos tienen un alto punto de fusión, lo que les permite dorarse por fuera sin deshacerse por completo. Son firmes y salados, perfectos para esta preparación.
El truco para un Saganaki perfecto es empezar con el queso frío. Se saca de la nevera justo antes de empezar.
Una sartén de hierro fundido es ideal para hacer saganaki de queso, pero también se puede usar una sartén antiadherente.
Además de pan pita, se puede servir con una ensalada, o con un poco de mermelada de higo, si se desea un contraste.
Variaciones
Si se desea una presentación teatral, se puede flambear el saganaki de queso. Justo al darle la vuelta en la sartén, se añade un chorrito (unos 30 ml) de brandy o de ouzo. Con mucho cuidado y usando un mechero largo, se prende el alcohol. El fuego se extinguirá en segundos, dejando un aroma delicioso. Este paso con de debe dar extrema precaución, lejos de cualquier material inflamable y con la campana extractora apagada.
Origen
Hay platos que son una fiesta en si mismos. El saganaki es, sin duda, uno de ellos. Este aperitivo griego , cuyo nombre hace referencia a la pequeña sartén de dos asas en la que tradicionalmente se cocina, es la personificación de la alegría mediterránea.