Recetas con ajo
Gambas salteadas con ajo y guindilla sobre fideos chinos
Un salteado rápido de los que se resuelven en un cuarto de hora y dependen más del orden que de la técnica. La salsa se mezcla antes en un cuenco —ajo, guindilla, soja, sésamo— y se añade al final, de una vez, para que el wok no pierda temperatura en ningún momento. Las gambas apenas pasan dos minutos por el fuego, lo justo para que se vuelvan rosadas y opacas, porque un minuto más las convierte en goma. Debajo van unos fideos chinos de huevo, hidratados sin hervir y aliñados con aceite de sésamo tostado. Comida de diario con aspecto de plato de restaurante.
Penne alla vodka
La receta es menos conocida por su nombre que por su color: un rosa anaranjado que sale de cruzar tomate con mantequilla y un poco de nata. La base se construye pochando chalota en mantequilla y friendo después el concentrado de tomate hasta que oscurece y se separa de la grasa, un paso breve que marca la diferencia entre una salsa plana y otra con fondo. Después entran el tomate en lata y el vodka, que se reduce casi del todo y deja atrás el calor y el equilibrio que dan nombre al plato. Un chorro final de vodka sin cocer, añadido junto a la nata, conserva ese punto aromático que la cocción se lleva. La pasta termina de hacerse dentro de la salsa, con un poco de agua de cocción, hasta que se adhiere a cada penne.
Setas al horno con ajo y perejil
Una receta de horno rápida y con muy pocos ingredientes, pensada para setas de sombrero plano o champiñones grandes. Los sombreros se colocan con las láminas hacia arriba, de modo que recogen el aceite, el vino y el jugo que ellos mismos sueltan en lugar de dejarlo escapar a la bandeja. Encima va un picadillo de ajo, perejil y pan rallado que se tuesta y forma una capa crujiente, mientras debajo la seta se queda jugosa. Un chorro de limón al final levanta el conjunto. Funciona como guarnición de una carne asada, pero también como entremés caliente con pan al lado.
Patatas asadas con hierbas
Una guarnición de horno que se resuelve con tres ingredientes y casi ninguna intervención. Las patatas se parten por la mitad a lo largo y se colocan con el corte hacia abajo sobre una cama de hierbas frescas, en una bandeja donde la grasa ya está bien caliente. Al no moverlas en todo el asado, la cara cortada se sella contra el metal y se dora formando una costra fina y crujiente, mientras el interior absorbe el aroma del tomillo o del perejil que tiene justo debajo. Se asan con la piel puesta, que es donde está buena parte de su sabor. Salen de un horno corriente con el aspecto de las que sirven en un asador.
Pimientos asados con ajo y aceite
Una guarnición de toda la vida, de las que se preparan casi sin pensar mientras el horno está ocupado con otra cosa. Los pimientos se asan enteros hasta que la piel se arruga y se tuesta, y después se aliñan en caliente con un majado de ajo y aceite de oliva que se bebe el jugo que han soltado. No hay mucho más: el asado concentra el azúcar natural del pimiento y lo vuelve dulce y sedoso, y el ajo crudo le da el contrapunto. Acompañan de maravilla a cualquier carne al horno, pero también funcionan solos, con pan, o fríos al día siguiente.
Vieiras con crema de pimiento asado y almendra
Una variación del clásico francés de vieiras en salsa rosa con la técnica del ajoblanco andaluz por detrás. El pimiento rojo se asa hasta que la piel se tuesta, y después se tritura con almendra cruda, pan y un hilo de aceite hasta obtener una crema sedosa y de un rosa intenso que no necesita nata líquida para ser untuosa. Se sirve fría, como fondo del plato, y encima van las vieiras recién marcadas a fuego vivo, con su costra dorada. El contraste de temperaturas es lo que convierte un entrante correcto en uno que se recuerda. Un aceite de pimienta rosa y unas gotas de limón cierran el conjunto.
Salmón especiado con yogur, garbanzos y espinacas
Un plato completo y vistoso que se resuelve en una sola tanda: el salmón se unta con un yogur especiado que lo mantiene jugoso mientras se hace, y se acompaña de garbanzos crujientes y espinacas, todo cocinado al mismo tiempo. La gracia está en que nada espera a nada: mientras los garbanzos se tuestan, el salmón se hace a su lado, y una cucharada del mismo yogur, aflojada con limón, sirve de salsa al final. Funciona igual de bien en la freidora de aire que en el fogón, y en ambos casos la comida está en la mesa en poco más de diez minutos.
Alubias en salsa de tomate especiada
Un guiso de alubias rápido y muy resultón, de los que se hacen en una sola cazuela y dan de comer durante varios días. El pimentón ahumado es el que manda: aporta ese fondo tostado y profundo que normalmente vendría de un trozo de chorizo o de tocino, y basta para que unas alubias de bote con tomate se conviertan en algo con carácter. El pimiento suma color y dulzor, las espinacas desaparecen dentro de la salsa sin que nadie las note.
Champiñones asados
Los champiñones asados son una guarnición sorprendentemente elegante que se prepara en cuestión de minutos. Ligeramente aromatizados con ajo y mostaza, y rematados con perejil fresco, aportan un fondo terroso y sabroso que combina bien con casi cualquier plato principal. Y con una loncha de panceta encima, se convierten en un aperitivo perfectamente autónomo.
Cerdo asado a la francesa
Esta versión afrancesada del lomo de cerdo se asa siempre sin corteza, sobre un lecho de hierbas y ajo, con un fondo de vino y agua bajo la rejilla que crea una atmósfera húmeda sin que la carne llegue a tocar el líquido directamente. Se emplea el corte más fino del lomo, el más cercano al cuello, y se deja con hueso, a diferencia de la mayoría de asados franceses, que suelen ir deshuesados.
Asado de carne de cerdo adobada
Esta carne de cerdo adobada es una receta pensada para ocasiones especiales. La maceración de varios días con vino, vinagre y hortalizas aromatiza la carne hasta el hueso y, de paso, actúa como conservante natural, así que la pieza aguanta perfectamente esos días en la nevera sin ningún problema, y es precisamente lo que permite una maceración tan larga. El resultado es un asado con mucho carácter, que también está delicioso frío, servido en lonchas finas al día siguiente.
Patatas guisadas con rabo de toro
Un guiso de cazuela de los de antes, sin prisa y con cuchara. El rabo de toro es una pieza llena de colágeno que necesita horas de fuego suave para entregarse, pero cuando lo hace la carne se desprende sola del hueso y deja un caldo denso y brillante que ninguna otra pieza consigue igualar. Las patatas se añaden al final y se cuecen en ese caldo, hasta quedar melosas y teñidas de pimentón. Es un plato de invierno, de esos que se preparan la víspera y saben mejor al día siguiente.