Recetas con sal

Lista de recetas que contienen sal como ingrediente.

Setas al horno con ajo y perejil

Una receta de horno rápida y con muy pocos ingredientes, pensada para setas de sombrero plano o champiñones grandes. Los sombreros se colocan con las láminas hacia arriba, de modo que recogen el aceite, el vino y el jugo que ellos mismos sueltan en lugar de dejarlo escapar a la bandeja. Encima va un picadillo de ajo, perejil y pan rallado que se tuesta y forma una capa crujiente, mientras debajo la seta se queda jugosa. Un chorro de limón al final levanta el conjunto. Funciona como guarnición de una carne asada, pero también como entremés caliente con pan al lado.


Cebollitas glaseadas al horno

Una guarnición menor en apariencia y bastante más resultona de lo que promete. Las cebollitas se asan cubiertas de agua con mantequilla, azúcar y sal, tapadas, hasta que el líquido se consume del todo; en ese momento lo que queda en la bandeja es un almíbar espeso que las envuelve y las deja brillantes y doradas. El azúcar que llevan de serie se concentra con la cocción y el resultado es dulce sin empalagar, con el punto justo para acompañar una carne asada y romper su sabor. Se preparan solas mientras el horno trabaja en otra cosa.


Pimientos asados con ajo y aceite

Una guarnición de toda la vida, de las que se preparan casi sin pensar mientras el horno está ocupado con otra cosa. Los pimientos se asan enteros hasta que la piel se arruga y se tuesta, y después se aliñan en caliente con un majado de ajo y aceite de oliva que se bebe el jugo que han soltado. No hay mucho más: el asado concentra el azúcar natural del pimiento y lo vuelve dulce y sedoso, y el ajo crudo le da el contrapunto. Acompañan de maravilla a cualquier carne al horno, pero también funcionan solos, con pan, o fríos al día siguiente.


Semifrío de café y almendra amarga

Un postre frío que se prepara sin horno y sin heladera. El aire del merengue italiano y la nata montada bastan para sostener una textura a medio camino entre el helado y la mousse. Se deja comer con cuchara nada más salir del congelador. 

El café entra en serio, un espresso corto y bien cargado, y el azúcar se queda en lo justo para que se aprecie el amargor tostado de la almendra. Por encima, migas de amaretti y almendra laminada que se añade en el último momento y aguanta crujiente hasta la última cucharada. Se hace la víspera y se sirve en copa, lo que lo convierte en el final perfecto para una comida larga.


Semifrío de café y almendra amarga

Un postre frío que se prepara sin horno y sin heladera. El aire del merengue italiano y la nata montada bastan para sostener una textura a medio camino entre el helado y la mousse. Se deja comer con cuchara nada más salir del congelador. 

El café entra en serio, un espresso corto y bien cargado, y el azúcar se queda en lo justo para que se aprecie el amargor tostado de la almendra. Por encima, migas de amaretti y almendra laminada que se añade en el último momento y aguanta crujiente hasta la última cucharada. Se hace la víspera y se sirve en copa, lo que lo convierte en el final perfecto para una comida larga.


Vieiras con crema de pimiento asado y almendra

Una variación del clásico francés de vieiras en salsa rosa con la técnica del ajoblanco andaluz por detrás. El pimiento rojo se asa hasta que la piel se tuesta, y después se tritura con almendra cruda, pan y un hilo de aceite hasta obtener una crema sedosa y de un rosa intenso que no necesita nata líquida para ser untuosa. Se sirve fría, como fondo del plato, y encima van las vieiras recién marcadas a fuego vivo, con su costra dorada. El contraste de temperaturas es lo que convierte un entrante correcto en uno que se recuerda. Un aceite de pimienta rosa y unas gotas de limón cierran el conjunto.


Champiñones asados

Los champiñones asados son una guarnición sorprendentemente elegante que se prepara en cuestión de minutos. Ligeramente aromatizados con ajo y mostaza, y rematados con perejil fresco, aportan un fondo terroso y sabroso que combina bien con casi cualquier plato principal. Y con una loncha de panceta encima, se convierten en un aperitivo perfectamente autónomo.


Asado de carne de cerdo adobada

Esta carne de cerdo adobada es una receta pensada para ocasiones especiales. La maceración de varios días con vino, vinagre y hortalizas aromatiza la carne hasta el hueso y, de paso, actúa como conservante natural, así que la pieza aguanta perfectamente esos días en la nevera sin ningún problema, y es precisamente lo que permite una maceración tan larga. El resultado es un asado con mucho carácter, que también está delicioso frío, servido en lonchas finas al día siguiente.


Costillas de cerdo adobadas

Las costillas de cerdo no son un corte de primera categoría, pero con un buen adobo seco y una cocción larga se convierten en un asado familiar de lo más agradecido. Aquí el adobo no es líquido, sino una mezcla de especias que se frota directamente sobre la carne y se deja reposar un día entero en la nevera, dando tiempo a que el sabor penetre bien antes de asarlas. El resultado es una carne muy aromática que pide acompañamientos suaves que no compitan con ella, como un puré de patatas.


Paletilla de cerdo asada con relleno de piñones

Esta paletilla rellena es un asado con mucha más presencia que su versión sin rellenar, y no requiere ninguna técnica que no hayamos explicado ya: se trata de deshuesar la pieza, rellenarla con el relleno de piñones y enrollarla, siguiendo la técnica que contamos en cerdo asado. El carnicero puede encargarse de deshuesarla si se le pide con antelación, dejando la carne lista para extender y rellenar.


Relleno de pasas y piñones

Este relleno combina carne de cerdo con frutos secos, fruta pasa y un poco de jerez, algo clásico de la cocina festiva que funciona igual de bien dentro de una pieza de cerdo deshuesada que cocinado aparte, en forma de rulo, bajo el propio asado. La grasa que suelta la carne mientras se hace en el horno cae sobre el relleno y lo va dorando, así que el resultado sabe a mucho más que la suma de sus ingredientes. También sirve para rellenar un pavo o un ganso pequeño, si se prefiere darle ese uso.


Patatas guisadas (receta básica)

Las patatas guisadas han sido durante generaciones la comida diaria en buena parte de los hogares. Un plato único, sabroso y reconfortante, hecho sin prisas en cazuela o puchero de barro. Esta es la versión básica, la que sirve de punto de partida para todas las demás. Se hace con un poco de carne de vaca, pero admite casi cualquier acompañamiento, ya sean costillas, chorizo, despojos, albóndigas, legumbres, arroz, verduras o setas, siguiendo exactamente el mismo proceso. Lo que no cambia nunca son tres gestos: rehogar bien la patata antes de mojarla, cascarla en lugar de cortarla y majar el ajo con perejil y comino. De ahí sale el caldo espeso y perfumado que define el guiso.