Una ensalada de inspiración italiana, perfecta para las tardes templadas de septiembre, cuando los higos están en su mejor momento. Es de esas recetas que parecen sacadas de un restaurante y, sin embargo, se montan en diez minutos sin encender apenas el fuego. El juego está en el contraste: la rúcula ligeramente picante, la dulzura carnosa del higo maduro, el punto salado y cremoso del queso azul y las nueces tostadas con miel, que aportan el crujido. Un chorrito de vinagreta con mostaza lo une todo. Sencilla, vistosa y con ese aire mediterráneo que da gusto llevar a la mesa.
Ingredientes
Instrucciones
Ponemos las nueces y una cucharadita de miel en una sartén pequeña a fuego medio. Las tostamos removiendo con frecuencia durante unos 5 minutos, hasta que empiecen a dorarse y caramelizar. Las volcamos sobre un papel de horno, las espolvoreamos con una pizca de sal y las dejamos enfriar; al hacerlo quedarán crujientes.
Preparamos la vinagreta: en un tarro con tapa juntamos la cucharadita de miel restante, el aceite de oliva, el vinagre y la mostaza. Salpimentamos, cerramos y agitamos bien hasta que emulsione.
Repartimos la rúcula en los platos y colocamos por encima los gajos de higo y los trozos de queso azul. Esparcimos las nueces tostadas y, justo antes de servir, regamos con la vinagreta. Lista para disfrutar.
Notas
El higo manda. Se buscan piezas bien maduras, que cedan un poco al tacto. Un higo verde o duro no tiene el dulzor necesario para equilibrar el queso azul.
La ensalada se aliña en el último momento para que la rúcula se mantenga fresca y con cuerpo; si se moja antes de tiempo, se apelmaza.
Hay que vigilar las nueces de cerca, con la miel pasan de doradas a quemadas en cuestión de segundos.
Variaciones
Un puñado de granada desgranada aporta color y un contrapunto ácido para un toque más otoñal.
Con embutido: para una versión más completa, añadimos 70 g de bresaola repartida entre los higos y el queso.
Otros quesos: si el queso azul resulta demasiado intenso, funciona muy bien con queso de cabra, feta o incluso burrata.
Sin miel: se puede sustituir por un hilo de reducción de vinagre balsámico, que suma dulzor y un bonito acabado.
Origen
La pareja de higos y queso azul es un clásico de la cocina mediterránea que hunde sus raíces en la Italia rural, donde la fruta de temporada y los quesos curados se combinaban de forma natural en la mesa.
El propio gorgonzola, uno de los quesos azules más antiguos del mundo, se elabora en Lombardía y el Piamonte desde hace siglos. El contraste entre dulce y salado es un recurso que se repite en toda la cuenca mediterránea, y el higo, símbolo de abundancia desde la Antigüedad, es uno de sus mejores embajadores. No es casualidad que esta ensalada sepa a final de verano: es justo cuando los higos alcanzan su punto perfecto.