Lentejas a la Villalar
Las lentejas cocidas al dente se convierten en la base perfecta para un aliño tibio de limón y un salteado de jamón crujiente. Unos pocos ingredientes bien elegidos pueden crear una experiencia llena de matices. La acidez del limón, el punto salado del jamón, el crujiente del pan frito y el aroma de la nuez moscada se unen para realzar el sabor terroso de la lenteja. Es una receta ideal para una cena ligera, un almuerzo nutritivo o como entrante original.
Ingredientes
Instrucciones
Comenzamos poniendo las lentejas (previamente lavadas) en una cazuela cubiertas con agua fría. No es necesario remojarlas. Las llevamos a ebullición y luego bajamos el fuego para que se cocinen suavemente. Añadimos más agua caliente poco a poco si vemos que se secan. Buscamos que, al terminar la cocción (unos 25-30 minutos), apenas quede caldo. Una vez listas, las reservamos.
Calentamos el aceite de oliva n una sartén. Añadimos los cubos de pan y los freímos hasta que estén dorados y crujientes por todos lados. Los retiramos con una espumadera y los dejamos sobre papel absorbente para eliminar el exceso de grasa.
En la misma sartén con la grasa que ha quedado, salteamos los taquitos de jamón hasta que estén ligeramente dorados y hayan soltado parte de su sabor.
Retiramos la sartén del fuego. Añadimos a la sartén el zumo del limón, un poco de ralladura de limón, una pizca de nuez moscada recién rallada y un poco de pimienta. Removemos bien para que se integren los sabores y se forme una emulsión con la grasa del jamón. Esto es nuestro aliño tibio.
Volcamos el contenido de la sartén (el jamón con el aliño) sobre las lentejas y removemos todo con mucho cuidado, con movimientos envolventes para no romperlas. Probamos y rectificamos de sal y pimienta si fuera necesario.
Servimos esta ensalada templada de lentejas a la Villalar en platos o en una fuente. Justo antes de llevar a la mesa, repartimos por encima los daditos de pan frito para que mantengan su textura crujiente.
Notas
Para este plato es fundamental usar una lenteja que mantenga bien la forma tras la cocción, como la lenteja pardina.
Las lentejas, sobre todo las pequeñas, no suelen necesitar remojo previo, pero puede hacerse. Hay personas a quienes no les sientan bien las lentejas sin remojar.
El secreto aquí es que las lentejas queden "al dente", tiernas pero que mantengan su forma y no se deshagan. Si quedaran con demasiado caldo, se escurren y se vuelven a poner en la olla con 4-6 cucharadas de su líquido.
Puede incrementarse la cantidad de lentejas y jamón para convertirlo en un plato único.
Se pueden servir en pequeñas cazuelas de barro como aperitivo o entrante en una cena más formal. El contraste de temperaturas y texturas resulta sorprendente.
Variaciones
Las lentejas se pueden adornar con un huevo duro picado finamente o con perejil picado, espolvoreados por encima.
El jamón serrano se puede sustituir por la misma cantidad de chorizo o por beicon.
Para que el plato quede más ligero, puede usarse menos cantidad de aceite para freír y tostar el pan en el horno como croutons en vez de freírlo.
Podrían añadirse otras verduras y hortalizas asadas, como pimientos morrones.
Maridaje
Un vino rosado seco o un tinto joven y afrutado son excelentes compañeros para equilibrar la intensidad del jamón y la acidez del limón.
Origen
Este plato se cocinaba originalmente con manteca de cerdo en vez de aceite de oliva.