Recetas con patata
Patatas asadas con aros de cebolla
Una guarnición de horno que se monta por capas: rodajas de patata y aros de cebolla alternados en una fuente, bien cubiertos de grasa y asados a temperatura alta hasta que el conjunto queda dorado por fuera y meloso por dentro. El pan rallado de la superficie forma una costra fina que protege lo de debajo y aporta el crujido. Nació para aprovechar la grasa y los jugos de un asado de carne, y ese sigue siendo su mejor uso, aunque con mantequilla o aceite de oliva funciona igual de bien. Acompaña a cualquier carne al horno y, en días de poca ambición, se defiende sola con un huevo frito encima.
Patatas asadas con hierbas
Una guarnición de horno que se resuelve con tres ingredientes y casi ninguna intervención. Las patatas se parten por la mitad a lo largo y se colocan con el corte hacia abajo sobre una cama de hierbas frescas, en una bandeja donde la grasa ya está bien caliente. Al no moverlas en todo el asado, la cara cortada se sella contra el metal y se dora formando una costra fina y crujiente, mientras el interior absorbe el aroma del tomillo o del perejil que tiene justo debajo. Se asan con la piel puesta, que es donde está buena parte de su sabor. Salen de un horno corriente con el aspecto de las que sirven en un asador.
Gröstl tirolés
Plato de sartén de los Alpes austríacos, nacido para aprovechar lo que sobraba del día anterior: patatas cocidas y restos de carne asada, salteados juntos en manteca hasta formar una costra dorada que es la razón de ser del plato. La cebolla, el comino en grano y la mejorana componen la tríada aromática de la cocina tirolesa, y un huevo frito de yema líquida corona el conjunto y lo liga al romperse sobre las patatas calientes. Se sirve directamente en la sartén, con ensalada verde o un poco de chucrut al lado. Comida de refugio de montaña: contundente, rápida y sin pretensiones.
Tournedós con setas y alcachofas
Los tournedós son filetes redondos y gruesos cortados del solomillo, un corte tierno y de sabor fino que se cocina en pocos minutos a fuego fuerte y queda jugoso por dentro. Esta receta clásica los acompaña con setas grandes a la plancha, corazones de alcachofa y una base de patatas paja, para un plato elegante y de preparación sorprendentemente rápida.
Patatas guisadas con rabo de toro
Un guiso de cazuela de los de antes, sin prisa y con cuchara. El rabo de toro es una pieza llena de colágeno que necesita horas de fuego suave para entregarse, pero cuando lo hace la carne se desprende sola del hueso y deja un caldo denso y brillante que ninguna otra pieza consigue igualar. Las patatas se añaden al final y se cuecen en ese caldo, hasta quedar melosas y teñidas de pimentón. Es un plato de invierno, de esos que se preparan la víspera y saben mejor al día siguiente.
Patatas guisadas (receta básica)
Las patatas guisadas han sido durante generaciones la comida diaria en buena parte de los hogares. Un plato único, sabroso y reconfortante, hecho sin prisas en cazuela o puchero de barro. Esta es la versión básica, la que sirve de punto de partida para todas las demás. Se hace con un poco de carne de vaca, pero admite casi cualquier acompañamiento, ya sean costillas, chorizo, despojos, albóndigas, legumbres, arroz, verduras o setas, siguiendo exactamente el mismo proceso. Lo que no cambia nunca son tres gestos: rehogar bien la patata antes de mojarla, cascarla en lugar de cortarla y majar el ajo con perejil y comino. De ahí sale el caldo espeso y perfumado que define el guiso.
Merluza imperial
Se trata de una elaboración fría, lucida y festiva, pensada para ocasiones especiales: merluza cocida, una corona de verduras de colores y una mayonesa casera que lo une todo. Su mayor encanto es también su mayor reto: la presentación. Los montoncitos de zanahoria, remolacha, guisantes y patata, alternando tonos, convierten la fuente en un pequeño cuadro comestible.
Huevos rotos con jamón
La combinación de unas patatas doradas, bañadas por el oro líquido de la yema del huevo y rematadas con el sabor umami del jamón, es sencillamente irresistible.
Bacalao al estilo de Alcántara
Esta receta combina bacalao desalado con patatas, cebolla y espinacas, creando un conjunto de capas maravillosamente equilibradas.
Huevos trufados sobre parmentier
Una receta que es pura elegancia, pero sorprendentemente fácil de ejecutar. No necesita grandes técnicas ni utensilios sofisticados, solamente respeto por el producto.
El secreto de este plato no está en la cocción, sino en la paciencia: trufar los huevos antes de cocinarlos permite que el aroma penetre a través de la cáscara porosa, impregnando la yema de matices a bosque húmedo, avellana y tierra mojada sin necesidad de gastar una gran cantidad de trufa. Es una forma sostenible y eficiente de disfrutar de este ingrediente tan preciado.
Cocido gallego
El cocido gallego es un monumento a la cocina de aprovechamiento, donde cada parte del cerdo, junto a las verduras de la huerta gallega y las legumbres, se unen en una cocción lenta y paciente para dar lugar a un festín inolvidable.
La clave de un buen cocido gallego está en la calidad de los ingredientes y el desalado previo.
Sopa juliana
Pocas cosas reconfortan tanto como una sopa caliente cuando el frío aprieta, y la sopa juliana es la reina de la sencillez elegante. Este plato, cuyo nombre evoca la técnica de corte francesa que transforma las verduras en finas tiras, es un homenaje a la huerta y a la cocina de aprovechamiento.