Calabacines al horno
El calabacín es un lienzo en blanco que permite explorar sabores nuevos y texturas sorprendentes. Esta receta aprovecha el calabacín con su piel en una preparación tan sencilla como sabrosa.
Ingredientes
Instrucciones
Colocamos las mitades de calabacín en una cazuela que pueda ir al horno, asegurándonos de que la parte del corte quede mirando hacia arriba. Sobre la superficie de cada calabacín, espolvoreamos una capa generosa de pan rallado. Repartimos también el ajo y perejil picados por encima de los calabacines. Finalmente, sazonamos al gusto.
En una sartén pequeña, calentamos el aceite. Añadimos un diente de ajo entero o laminado y lo freímos a fuego medio hasta que adquiera un color dorado. Una vez dorado, retiramos el ajo de la sartén. Con mucho cuidado, vertemos este aceite caliente directamente sobre los calabacines aderezados.
Aquí aplicamos una técnica tradicional infalible. Agregamos un poco de agua al fondo de la cazuela (sin mojar la parte superior de los calabacines). Ponemos la cazuela sobre el fuego directo de la cocina y dejamos que hiervan suavemente durante unos cinco minutos.
Mientras los calabacines empiezan a cocer, calentamos el horno a 180-200 °C.
Tras los cinco minutos de cocción al fuego, trasladamos la cazuela con los calabacines al horno. Dejamos que se hagan 20-25 minutos, hasta que comprobemos que los calabacines están tiernos y la superficie del pan rallado ha quedado perfectamente dorada y crujiente.
Cuando estén listos, sacamos la cazuela del horno y la llevamos directamente a la mesa.
Notas
Se usa cazuela o una fuente amplias que sean aptas tanto para el fuego directo como para el horno.
Estos calabacines al horno son extremadamente versátiles. Funcionan a la perfección como primer plato o como guarnición de lujo para acompañar un pescado blanco al vapor o una carne a la plancha. También se pueden servir junto a una buena ración de quinua o lentejas guisadas.