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Canelones de verduras con bechamel al tomate

Los canelones de verduras con bechamel al tomate son un plato reconfortante que queda bien en cualquier mesa. Los canelones se rellenan con un guiso suave de hortalizas y se cubren con una bechamel ligada con tomate frito, dándole un color rosado, que aporta una cremosidad delicada y un punto ligeramente dulce. Funcionan de maravilla como primer plato.

Lo mejor de esta receta es su versatilidad. Es una forma estupenda de aprovechar la verdura de temporada y de transformar ingredientes sencillos en un plato lucido y sabroso. El vibrante relleno y la bechamel rosada, gratinados con queso, salen del horno dorados y burbujeantes, listos para conquistar a mayores y pequeños.

Una porción de canelones de verduras gratinados con bechamel de tomate en una cazuela de barro sobre un plato blanco.

Ingredientes

16 canelones (placas de canelones, ya remojadas si lo pide el paquete)
1 cebolla (pelada y picada muy fina)
1 puerro (limpio y picado fino, solo la parte blanca)
1 zanahoria (pelada, rallada o picada muy menuda)
75 gramos guisante (ya desgranados, frescos o congelados)
30 gramos mantequilla
45 gramos harina (harina blanca)
800 mililitros leche (leche entera, templada)
1 taza salsa de tomate (salsa de tomate frito)
1 pizca nuez moscada
75 gramos queso rallado (para gratinar)
2 cucharadas aceite de oliva
  sal y pimienta (al gusto, pimienta blanca)

Instrucciones

Ponemos las dos cucharadas de aceite en una sartén amplia a fuego medio. Añadimos la cebolla, el puerro y la zanahoria, y los rehogamos despacio unos 8 minutos, removiendo de vez en cuando, hasta que se ablanden y suelten todo su aroma. Incorporamos los guisantes y cocinamos un par de minutos más. Retiramos del fuego y sazonamos.

En un cazo, derretimos la mantequilla a fuego medio. Echamos la harina y removemos durante un par de minutos, para que pierda el sabor a crudo sin llegar a dorarse. Vertemos la leche templada poco a poco, sin dejar de remover con unas varillas, y cocinamos unos 8 o 10 minutos hasta que la salsa espese y quede sedosa. Salpimentamos y añadimos la nuez moscada. Por último, incorporamos el tomate frito y removemos: la bechamel adquirirá ese precioso tono rosado.

Cocemos las placas de canelones en abundante agua con sal, según el tiempo que indique el fabricante, hasta que queden al dente. Las escurrimos con cuidado y las extendemos sobre un paño limpio, separadas entre sí, para que no se peguen ni se rompan al manipularlas. Si usamos placas precocidas, seguimos las instrucciones del envase.

Ligamos el relleno con un par de cucharadas de la bechamel al tomate, para que quede jugoso y se reparta con facilidad. Colocamos una porción del relleno en cada placa y las enrollamos con suavidad, dándoles su forma clásica.

Cubrimos el fondo de una fuente de horno con una capa fina de bechamel, para que los canelones no se peguen. Los colocamos encima con el cierre hacia abajo, bien juntitos. Echamos por encima el resto de la bechamel al tomate, repartiéndola por toda la superficie, y espolvoreamos el queso rallado. Gratinamos en el horno unos minutos, hasta que la superficie quede dorada y burbujeante. Servimos los canelones con verduras y bechamel al tomate bien calientes.

Rendimiento
4 raciones
Tiempo de preparación 20 minutos
Tiempo de cocción 25 minutos
Tiempo total
45 minutos

Notas

La bechamel al tomate debe quedar cremosa y napante, ni tan líquida que resbale ni tan espesa que se apelmace. La clave está en añadir la leche templada poco a poco y sin dejar de remover, para evitar los grumos. Si queda demasiado densa, se aclara con un chorrito de leche caliente; si resulta muy fina, basta con cocerla un par de minutos más a fuego suave. El tomate frito casero, con menos azúcar añadido, aporta un sabor más natural y equilibrado.

Los canelones se pueden montar unas horas antes y guardar en la nevera, cubiertos, hasta el momento de gratinar. También aguantan bien la congelación una vez montados y cubiertos con la bechamel. Conviene hornearlos directamente desde el congelador, sumando unos minutos de cocción. Es un recurso muy práctico para tener una comida lista con poco esfuerzo entre semana.

Una vez horneados, se conservan hasta 2 días en la nevera en un recipiente cerrado. Para recalentarlos, lo mejor es un golpe de horno a 180 ºC durante unos 10 minutos, que devuelve la cremosidad a la bechamel y vuelve a dorar la superficie. Si sobra bechamel al tomate, se guarda un par de días en un cuenco tapado y sirve para napar pasta, verduras al horno o unos huevos gratinados, reduciendo así el desperdicio en la cocina.

Variaciones

El relleno admite casi cualquier hortaliza de temporada, así que es una buena excusa para dar salida a lo que se tenga a mano. Setas, espinacas, calabacín, acelgas o pimiento asado encajan de maravilla. Para una versión vegetariana, se prescinde del jamón dulce y se suma más verdura o unos dados de tofu firme salteado; unas nueces picadas o unos garbanzos chafados aportan proteína y cuerpo al relleno.

Para que resulte un plato más contundente, pueden añadirse 200-250 gramos de jamón cocido, cortado en daditos, a las verduras del relleno una vez cocinadas. Así se también se defienden solos como plato único, acompañados de una ensalada verde.

Origen

Cocina española

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