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Patatas y zanahorias guisadas

A veces los platos más sencillos son los más apetecibles y los que tienen un sabor más auténtico. Estas patatas y zanahorias guisadas son un ejemplo. Utilizando ingredientes básicos de la despensa, se crea un guiso reconfortante que nos recuerda que no hacen falta lujos para comer bien.

El secreto de este plato reside en la técnica: al añadir un poco de harina al sofrito y mojarlo con caldo, creamos una salsa ligada, casi una velouté ligera, que abraza las verduras y concentra todo su sabor. El toque final de vino blanco aporta una acidez brillante que equilibra el dulzor natural de la zanahoria cocida.

Patatas y zanahorias guisadas servidas como guarnición de pollo guisado a la cerveza.

Ingredientes

1 kilogramo patatas (preferentemente harinosas, peladas y troceadas)
1⁄2 kilogramo zanahorias (raspadas, cortadas en rodajas o bastones gruesos)
1 cebolla (pequeña, pelada y picada muy finamene)
60 mililitros aceite de oliva
45 mililitros vino blanco (vino blanco seco)
800 mililitros líquido (caliente, caldo o agua + 1 cubito de caldo concentrado)
  sal (al gusto)

Instrucciones

En una cazuela ancha y baja, calentamos el aceite de oliva a fuego medio. Añadimos la cebolla picada y una pizca de sal, para ayudar a que sude. Pochamos lentamente hasta que la cebolla esté transparente y empiece a tomar un ligero color dorado, 8-10 minutos, lo que aportará profundidad al guiso.

Incorporamos las rodajas de zanahoria y los trozos de patata a la cazuela. Removemos bien para que se impregnen del aceite.

Espolvoreamos las dos cucharadas de harina sobre las verduras. Rehogamos todo junto durante unos 2 o 3 minutos, removiendo sin parar con una cuchara de madera. Queremos que la harina se cocine ligeramente (como en un roux) para que pierda el sabor a crudo, pero con cuidado de que no se queme ni se agarre al fondo.

Vertemos el caldo caliente (o el agua caliente con el cubito desmenuzado) hasta cubrir las patatas y zanahorias a ras. Es importante que el líquido esté caliente para no cortar la cocción y para que la harina se disuelva suavemente sin formar grumos.

Llevamos a ebullición, bajamos el fuego a medio-bajo y tapamos parcialmente la cazuela. Dejamos cocer suavemente durante unos 25-30 minutos, o hasta que al pinchar una patata con un cuchillo, este entre y salga sin resistencia.

Cuando las verduras estén tiernas, destapamos y añadimos el vino blanco. Subimos ligeramente el fuego y dejamos hervir un par de minutos más. Esto permite que el alcohol se evapore, dejando solo su aroma, y ayuda a terminar de ligar la salsa, que debe quedar espesita y brillante. Probamos y rectificamos de sal si fuera necesario.

Servimos inmediatamente en una legumbrera o fuente profunda, asegurándonos de repartir bien esa salsa deliciosa que se ha formado.

Rendimiento
6 raciones
Tiempo de preparación 15 minutos
Tiempo de cocción 40 minutos
Tiempo total
55 minutos

Notas

Es recomendable "cascar" o "chascar" las patatas al cortarlas (hacer un corte con el cuchillo y arrancar el trozo final haciendo palanca). Esto libera más almidón durante la cocción y ayuda a espesar la salsa de forma natural.

El sofrito puede tardar 8-10 minutos dependiendo de la intensidad del fuego y la cantidad de cebolla utilizada. Es importante no apresurarse, ya que un sofrito bien hecho es la base de un plato sabroso.

La cantidad de líquido depende de la forma de la cazuela; es necesario cubrir las patatas.

Es un plato perfecto como primer plato, guarnición contundente o como cena ligera para calentar el cuerpo en los días fríos.

Variaciones

Un poco de perejil fresco picado o cebollino espolvoreado al final no solo decora, sino que aporta una nota fresca y herbal que contrasta muy bien con los sabores terrosos del guiso. Igualmente, condimentar con un poco de pimienta le da más calorcito.

Una forma fantástica de convertir este guiso en un plato único y sustancioso es añadir huevo duro picado por encima justo antes de servir. La yema se mezclará con la salsa aportando aún más cremosidad.

La harina de trigo se puede sustituir por fécula de maíz para convertir este guisado en un plato sin gluten.

Origen

Nos encanta esta receta por su honestidad y su perfil sostenible. Las raíces y tubérculos son productos económicos, de larga conservación y, a menudo, de producción local. 

Cocina española

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