Cintas con salsa marinera
Las almejas, o berberechos, se cocinan en un sofrito de ajo y tomate en aceite de oliva, aromatizado con un poco de vino blanco y perfumado con perejil fresco. El resultado es un plato ligero y aromático, que traslada la brisa del mar a la mesa en apenas media hora.
Ingredientes
Instrucciones
Ponemos las almejas o berberechos en un cuenco con agua fría y un puñado de sal, y los dejamos reposar unos 30 minutos para que suelten la arena. Después las escurrimos y los enjuagamos bien.
En una cazuela con un dedo de agua y a fuego fuerte, abrimos las almejas o berberechos, tapados, retirándolos en cuanto se abran. Colamos y reservamos ese líquido. Descartamos los que no se hayan abierto y les quitamos las conchas a los demás, reservando unos pocos con concha para decorar.
Calentamos las tres cucharadas de aceite e una sartén amplia, pochamos la cebolla y el ajo a fuego medio durante unos 5 minutos, hasta que la cebolla se vuelva transparente. Incorporamos el tomate picado y sofreímos unos 10 minutos, hasta que reduzca y pierda la acidez.
Vertemos el vino blanco y el jugo colado de cocer el marisco, subimos el fuego y dejamos evaporar el alcohol 2-4 minutos. Incorporamos las almejas o berberechos, salpimentamos con mesura y espolvoreamos buena parte del perejil, si se usa.
Mientras tanto, cocemos las cintas en abundante agua con sal, siguiendo las instrucciones del paquete pero retirándolas un minuto antes para dejarlas al dente. Las escurrimos, reservando un cazo del agua de cocción, y las volcamos directamente en la sartén con la salsa. Salteamos todo un minuto a fuego vivo, añadiendo un poco de agua de cocción si hace falta para ligar. Servimos enseguida con el resto del perejil por encima.
Notas
El líquido que sueltan almejas y berberechos al abrirse concentra todo el sabor a mar. Conviene colarlo con un colador muy fino o una gasa para retirar posibles restos de arena. Al añadirlo a la salsa esta queda mucho más sabrosa.
Esta receta se puede hacer con berberechos congelados. No hace falta purgarlos y se pueden echar directamente a la salsa, sin cocerlos previamente.
Este plato está en su mejor momento recién hecho, con la pasta al dente y el marisco jugoso. Si sobra, se puede guardar de un día para otro en la nevera, en un recipiente cerrado, aunque conviene consumir el marisco cuanto antes. Para recalentarlo, lo mejor es un golpe de sartén a fuego suave con un chorrito de agua o de caldo, evitando el microondas, que reseca el marisco y ablanda la pasta.
Variaciones
Se puede enriquecer la salsa con mejillones, colas de gamba o langostino, calamares en anillas, chirlas o unas vieiras, según lo que ofrezca la lonja ese día.
Un toque de tomate seco, alcaparras o aceitunas aporta un giro mediterráneo intenso y sabroso.
Para una versión más ligera, se puede reducir el marisco y sumar verduras salteadas como calabacín, espárragos verdes o guisantes, aumentando la fibra del plato.
Quienes prefieran una opción vegetariana pueden sustituir el marisco por champiñones y alga wakame o nori, que aportan ese matiz yodado tan marinero.
Un chorrito de zumo de limón al final realza todos los sabores y aligera el conjunto.