Familia
Los niños a partir de los cuatro años pueden comer practicamente de todo. Es bueno tener una colección de recetas sencillas para usar a diario en las comidas familiares.
Arroz con higadillos de pollo
Este arroz es meloso, potente y reconfortante; una verdadera celebración de la cocina casera que lo aprovecha todo.
Sopa juliana
Pocas cosas reconfortan tanto como una sopa caliente cuando el frío aprieta, y la sopa juliana es la reina de la sencillez elegante. Este plato, cuyo nombre evoca la técnica de corte francesa que transforma las verduras en finas tiras, es un homenaje a la huerta y a la cocina de aprovechamiento.
Croquetas de atún
Las croquetas de atún salvan cualquier cena improvisada. A diferencia de las de jamón o cocido, que requieren tener sobras previas, estas croquetas tiran de fondo de despensa. Una simple lata de atún (o bonito) se convierte en la protagonista de una bechamel suave.
Patatas y zanahorias guisadas
A veces los platos más sencillos son los más apetecibles y los que tienen un sabor más auténtico. Estas patatas y zanahorias guisadas son un ejemplo. Utilizando ingredientes básicos de la despensa, se crea un guiso reconfortante que nos recuerda que no hacen falta lujos para comer bien.
Rollitos de carne picada en salsa
Un ejemplo de cocina sencilla, reconfortante y sabrosa, aprovechando los ingredientes al máximo y transformando una sencilla carne picada en un plato principal elegante gracias a un guiso lento y cuidadoso.
Es ideal para una comida familiar de domingo o para dejar preparada con antelación, ya que, como buen guiso, suele estar incluso más rico al día siguiente cuando los sabores se han asentado.
Macarrones con setas y jamón
Una receta casera que combina la sencillez de un buen plato de pasta, el sabor umami de las setas, la nota salada del jamón y una salsa de tomate casera. Un plato completo y relativamente fácil de preparar.
Albóndigas griegas al comino (soutzoukakia)
Estas albóndigas alargadas buscan la calidez del comino, el ajo y una rica salsa de tomate con canela. Son un plato principal robusto, pensado para mojar pan y calentar el cuerpo.
Repollo relleno de bechamel
Las hojas tiernas del repollo envuelven un relleno cremoso de bechamel y jamón, todo ello gratinado al horno hasta alcanzar la perfección. Es un plato económico, nutritivo y perfecto para los días más fríos, cuando el cuerpo pide comida con sustancia y sabor. Además, es una forma deliciosa de disfrutar de las verduras de invierno de una manera diferente y creativa.
Filetes de hígado empanados
El hígado es uno de esos ingredientes que polariza opiniones, o gusta o se evita a toda costa, pero se le podría dar una segunda oportunidad. Preparados correctamente, los filetes de hígado empanados son tiernos, suaves y sabrosos. El empanado no solo aporta una textura crujiente irresistible, sino que ayuda a sellar los jugos, evitando que la carne se reseque.
Tortitas de arroz (gila pitha)
Estas tortitas de arroz fritas son una pequeña maravilla de la repostería tradicional: imaginad una textura que vive felizmente entre una rosquilla densa y una galleta suave.
Su exterior es dorado y ligeramente crujiente, protegiendo un interior tierno endulzado con ese azúcar integral de caña sin refinar que aporta notas profundas a caramelo y melaza. Son el tentempié perfecto para acompañar una taza de té caliente en una tarde lluviosa o para llevar de aventura como alimento energético, ya que se conservan de maravilla.
Bolitas de coco (narikol laru)
El coco fresco rallado se cocina lentamente con azúcar hasta convertirse en una masa untuosa, dulce y aromática, a menudo perfumada con cardamomo o alcanfor comestible. El resultado es una esfera dulce que se deshace en la boca.
Rollitos de arroz y sésamo (til pitha)
Imagina un rollito delicado, hecho a partir de una harina de arroz glutinoso recién molida que, por arte de magia, se cohesiona con el calor de una sartén. Este "crepe" envuelve un relleno dulce y rústico de sésamo negro tostado y "jaggery" un tipo de azúcar de palma sin refinar, creando una combinación de sabores y texturas inolvidable. El resultado es un bocado con notas a nuez, un dulzor profundo y acaramelado, y una textura exterior ligeramente crujiente que da paso a un interior blando.