Nivel medio
La técnica conlleva cierta dificultad, o se tarda en preparar el plato, aunque la técnica sea sencilla.
Cocido gallego
El cocido gallego es un monumento a la cocina de aprovechamiento, donde cada parte del cerdo, junto a las verduras de la huerta gallega y las legumbres, se unen en una cocción lenta y paciente para dar lugar a un festín inolvidable.
La clave de un buen cocido gallego está en la calidad de los ingredientes y el desalado previo.
Croquetas de atún
Las croquetas de atún salvan cualquier cena improvisada. A diferencia de las de jamón o cocido, que requieren tener sobras previas, estas croquetas tiran de fondo de despensa. Una simple lata de atún (o bonito) se convierte en la protagonista de una bechamel suave.
Repollo relleno de bechamel
Las hojas tiernas del repollo envuelven un relleno cremoso de bechamel y jamón, todo ello gratinado al horno hasta alcanzar la perfección. Es un plato económico, nutritivo y perfecto para los días más fríos, cuando el cuerpo pide comida con sustancia y sabor. Además, es una forma deliciosa de disfrutar de las verduras de invierno de una manera diferente y creativa.
Bolitas de coco (narikol laru)
El coco fresco rallado se cocina lentamente con azúcar hasta convertirse en una masa untuosa, dulce y aromática, a menudo perfumada con cardamomo o alcanfor comestible. El resultado es una esfera dulce que se deshace en la boca.
Pozole verde
El pozole verde debe su color y sabor a una salsa fresca y compleja elaborada con tomatillos, chiles verdes, cilantro, epazote y, el ingrediente secreto, pipas de calabaza. Esta combinación crea un caldo espeso, ligeramente ácido y profundamente aromático que envuelve los grandes granos de maíz pozolero y la tierna carne de cerdo.
Pozole rojo
El pozole rojo es quizás la variante más conocida de este plato. Su color vibrante proviene de una mezcla de chiles secos que, lejos de hacerlo insoportablemente picante, le dan un sabor ahumado, complejo y reconfortante.
Pozole blanco
Los protagonistas del pozole blanco son el maíz y el caldo limpio, profundo y reconfortante. La magia ocurre en la mesa, cuando los comensales añaden a su plato una variedad de guarniciones frescas y salsas picantes.
Chilpozonte
El chilpozonte es una especie de mole de olla pero más ligero, con una personalidad ahumada inconfundible gracias a los chiles secos y un notas profundas de hierba que le da el epazote.
Para hacer chilpozonte se prepara primero el caldo y, mientras el caldo se hace, la salsa ahumada y los chochoyotes. Después se cuece el chayote y la salsa con el caldo, par terminar añadiendo las verduras y los chochoyotes.
Pan navideño finlandés (joululimppu)
Este pan tiene una miga prieta y jugosa que se conserva maravillosamente durante días. De hecho, los finlandeses dicen que sabe mejor después de reposar un par de días, cuando los sabores han tenido tiempo de asentarse. Es una receta de pan rústico, de los que se amasan con paciencia y cariño.
Pepparkakor
Si la Navidad tuviera un sonido, en Suecia sería el crujido de una galleta pepparkakor. Estas finas y especiadas galletas de jengibre son son el aroma del Adviento, el centro de las reuniones familiares y un pilar de la tradición del fika (la sagrada pausa para el café sueca) durante las fiestas.
Kalakukko
Un pan que, en lugar de la miga convencional, alberga un relleno jugoso de pescado, panceta de cerdo y especias. Tradicionalmente se hacía con pan de centeno, robusto y oscuro, pero ahora admite otros tipos de pan.
Cerdo asado con su corteza (flæskesteg med svær)
El flæskesteg, un asado de cerdo con su piel increíblemente crujiente, conocida como svær, es uno de los protagonistas indiscutibles de la cena de Nochebuena danesa.